El apostolado es fruto del amor que nace de un encuentro con el Señor Jesucristo y de la gracia infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Ser Apóstol es un llamado a una misión que Dios mismo nos ha encomendado. El nos dio la gracia de anunciar la inescrutable riqueza de Cristo y el grandioso ministerio de la reconciliación.
Pasión apostólica es conocer que el apostolado es la tarea, la misión y el deber de todo Cristiano; es también cumplir con la gran comisión además de predicar el Evangelio del Reino de Dios sin ningún motivo de gloria; es más bien, un deber que nos incumbe a todos. El apóstol Pablo dijo, ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!, pues «es una misión que se me ha confiado» (1ra Corintios 9:16-16). De la misma manera, los primeros apóstoles dijeron, “no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:20).
La misión apostólica hoy en día es más urgente y está en nuestras manos establecer el Reino de Dios en cada corazón y en todas las naciones. ¡No perdamos la pasión de vivir por y para el apóstol de los apóstoles, nuestro Señor Jesucristo!
¡Establezcamos El REINO, que nuestro REY viene PRONTO!